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Existen diversas posturas respecto al tema de diversidad, cultural y desarrollo. Para adentrarme en el tema debería desarrollar sintéticamente algunos conceptos que engloba el tema central de debate de este ensayo, “la cultura popular y la identidad nacional en la Sociedad de la Información.”, porque estos revisten una gran importancia epistemológica para generar Políticas Culturales para la creación de un espacio de integración -local, regional o nacional- cultural.
Índice. Primera Parte: 1. Concepto de Cultura 2. Concepto de cultura nacional. 3. Concepto de cultura popular. 4. Concepto de Identidad. 5. Concepto de identidad nacional 6. Concepto de Desarrollo 7. Políticas culturales elitistas. 8. Políticas culturales populares. Segunda Parte: 1. Políticas culturales globalizantes populares que exceden el rol del Estado Nación en la Sociedad de la Información o Globalizada. 2. El Estado Nación paralizado por las Políticas Culturales desarrolladas a nivel local /o municipal aglutinadas en redes de ciudades con autonomía del gobierno nacional. 3. Las Políticas Culturales de redes regionales y organismos multilaterales como herramienta neutralizante de las Identidades Nacionales. 4. Cultura como mercancía 5. Cultura como promotora de desarrollo social. 6. Las Políticas Culturales de Redes de Foros Culturales como promotoras de la cultura popular y como herramienta de homogeneización cultural global. 7. Cultura como bien simbólico. 8. Cultura como promotora de desarrollo social. 9. Concepto de cultura globalizada. = cultura homogeneizada; asimiación cultural; 10. Concepto de cultura globalizante = cultura homogeneizante; diálogo intercultural; ¿diversidad cultural o respeto de la semejanza cultural? 11. Conclusiones. PRIMERA PARTE. Introducción. Existen diversas posturas respecto al tema de diversidad, cultural y desarrollo. Para adentrarme en el tema debería desarrollar sintéticamente algunos conceptos que engloba el tema central de debate de este ensayo, “la cultura popular y la identidad nacional en la Sociedad de la Información.”, porque estos revisten una gran importancia epistemológica para generar Políticas Culturales para la creación de un espacio de integración -local, regional o nacional- cultural. Es imposible comprender cada uno de los conceptos mencionados con antelación individualmente porque todos ellos está estrechamente vinculado con los otros. Pero, también es cierto que depende del concepto de cultura que las instituciones elijan proyectarán los ejes conceptuales “desarrollo”, “diversidad” y “identidad” de diversa manera. Esto no es un dato menor a la hora de generar Políticas Culturales o de Formar Gestores Culturales porque la concepción de cultura que se adopte llevará implícita determinada carga de valores, determinada visión de mundo y jerarquizará determinadas acciones culturales. El lenguaje no es neutral. La concepción de Cultura implica la aceptación y la negación de ciertos valores y una visión de mundo. Las Políticas Culturales no son neutrales. Y las acciones culturales no son objetivas. Para empezar a destejer la trama de significados que propone el título de este trabajo, es pertinente definir el término “cultura”. Cultura. Si bien no pretendo adentrarme en la definición de cada uno de estos conceptos, creo que es importante destacar diversas concepciones de cultura contrapuestas que propone el sociólogo Ezequiel Ander-Egg propone: Cultura de Elite/ Cultura de masas. Cultura erudita/ Cultura popular. Cultura popular/ Cultura del Pueblo. Cultura dominante/ cultura subalterna. Cultura establecida/ contra cultura. Cultura de museo / Cultura viva. De estos 6 binomios de conceptos contrapuestos de cultura, se podrían establecer otros tantos conceptos de diversidad, pertinencia y desarrollo. Ninguno de estos conceptos es neutro ni a-ideológico. Tampoco las Políticas Culturales derivadas de los mismos. Más adelante nos referiremos a estos conceptos de cultura. Para comenzar a introducirnos en el tema, me parece pertinente remitir a la definición de Cultura que instituyó la UNESCO (Organismo de las Naciones Unidas para la Cultura y la Educación) en 1981: “La cultura definida únicamente a partir de criterios estéticos no expresa la realidad de otras formas culturales. Hay una tendencia socio-antropológica de la cultura que abarque los rasgos existenciales, es decir, concretos, de pueblos enteros: los modos de vida y producción, los sistemas de valores, opiniones, las creencias, etc.” La UNESCO establece que “la Cultura es el conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos, que caracterizan una sociedad o grupo social. Ello engloba, además de las artes y las letras los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”. El sociólogo mexicano José Matos Mar, amplía el concepto de cultura determinado por UNESCO. Para Matos Mar, la cultura es la manera de ser y de actuar, y la capacidad y la respuesta creativa del ser humano. “Su estilo de vida para afrontar sus requerimientos, solicitaciones y conflictos provenientes del mundo y de la existencia. (...) cada cultura se desenvuelve en un espacio propio en el cual funcionan estructuralmente coordinadas las actividades políticas, económicas, científicas y tecnológicas; apoyadas por la religión, la magia y la moral.(...) Acompañan el conjunto de ordenes de la actividad humana el arte como expresión de la belleza y la armonía, y la filosofía como concepción de mundo, de la vida, del acaecer.” Por su parte, el antropólogo Adolfo Colombres plantea que la cultura es la herencia social de los seres humanos. El antropólogo, en concordancia con Matos Mar, plantea que “a toda cultura corresponde una cosmología, es decir una visión propia del universo, y también una antropología, una visión propia del hombre y las relaciones sociales. Este conjunto de representaciones mentales colectivas conforman el nivel ideológico de la misma.” Colombres plantea que la cultura “es un producto histórico y social. Es decir, es resultado de un proceso acumulativo y selectivo que se da a través del tiempo, y del que es protagonista una sociedad específica.” El comunicador social y antropólogo, Néstor García Canclini plantea que la cultura es algo vivo, algo en permanente construcción y resignificación. Canclini señala que en esta época caracterizada por la globalización y la Sociedad de la Información, existen dos tendencias culturales contrapuestas. Unas culturas tienden a atrincherarse en su propia cultura manteniendo una autonomía radical respecto a oras culturas o pueblos, conservando sus costumbres e intentando construir una alternativa de desarrollo propia. Por otro lado, gran parte de las culturas existentes en el mundo “han entrado económica, política y culturalmente en la modernidad, o experimentan un proceso de intensa hibridación que les ha dado una compleja heterogeneidad.” En el mismo sentido, Jesús Martín-Barbero plantea que necesitamos dejar de oponer las culturas autóctonas, “como mundo de nuestra autenticidad, de autoctonía, de nuestra verdad profunda versus el mundo de los medios masivos como el mundo de la frivolidad y de la pura actualidad instantánea.” El concepto de identidad también está íntimamente relacionado con el concepto de cultura. El antropólogo Mariano Juan Garreta explica que identidad o pertinencia a grupo, una tribu urbana, colectivo o nación es “entender el uso de un idioma, códigos comunicacionales implícitos a un grupo de pertenencia y una seria más o menos extensa de representaciones y creencias que en principio son asumidas acríticamente como las que conforman la normalidad, lo natural, en tanto aparece en la acción cotidiana como no discutibles, sino por lo contrario, conforman un conjunto de pautas sociales plausibles y sancionadas como positivas por el endogrupo.” Asimismo, el antropólogo Ernesto Abramoff plantea que la identidad es “concebida como el conjunto de elementos culturales que por ser distintivos para los que no pertenecen al grupo, inciden en las relaciones que establecen los no miembros con los miembros por ser de determinada forma, diferente y distintiva. (...) El abordaje de la identidad del grupo se asienta en el vínculo que se establece entre los miembros y no miembros.” Para Abramoff el concepto de “Identidad” está estrechamente ligado al de “diferencia”. Y al pensar la idea de Diferencia debemos relacionarlo con el concepto de diversidad de culturas. El significado del término desarrollo, de acuerdo a la teoría del antropólogo Rodolfo Kush, “desde el punto de vista semántico pareciera referirse a un movimiento que parte de un estado de cosas y procura llegar a otro, considerado como una meta. (...) existe entonces un aspecto interno y otro externo del desarrollo. Pero el interno (debería) predomina sobre el externo.” La obra del antropólogo Rodolfo Kush plantea que “si el concepto de desarrollo es erróneo porque siempre se topa con la dificultad de mutar, habrá que emprender otro camino consistente en no ver sólo al hombre sino también la cultura constituida por él.” El sociólogo Manuel Antonio Garretón plantea que hasta el momento las políticas estatales definían “desarrollo como transformación de la sociedad, ya fuera como integración, modernización, urbanización, industrialización (..) a la vida moderna, se suponía una cierta funcionalidad entre desarrollo y cultura y que el primero llevaba incorporada la dimensión cultural. Ello sólo era parcialmente criticado, con la idea de ‘factores culturales’ de desarrollo, que harían que cierto tipo de valores, mentalidades y estilos de vida pudieran ser contradictorios con el desarrollo, y que había que introducir una corrección de ellos para adecuar las mutuas funcionalidades.” La realidad es que esta concepción de desarrollo no ha cambiado demasiado a la hora de desarrollar estrategias político-económicas. Pero lo que sí se ha revertido es el orden de las cosas porque ahora la Cultura tiene peso sobre las estrategias político-económicas locales, nacionales y regionales. La cultura en términos de producción y circulación de sentidos simbólicos, como un proceso material de producción e intercambio que adquiere un valor de cambio cuando el bien o el servicio se pone en circulación en el mercado. Hoy en día forma parte de los procesos económicos más amplios de la sociedad. En esta fase del capitalismo global que algunos denominan la Sociedad de la Información, las Industrias Culturales conforman el núcleo central de la circulación de significados y por lo tanto es imprescindible conocer su conformación en nuestros países en el marco de la creciente globalización. En América Latina, los datos más recientes que se conocen sobre los ingresos generados por las industrias culturales demuestran la creciente importancia económica y social de este sector. En Argentina y en Brasil el conjunto de las Industrias Culturales aportan cerca del 3% de sus respectivos PBI, mientras que en Chile y en Colombia estas contribuyen al 2% de los ingresos económicos de sus arcas nacionales. Esto implica que las industrias culturales constituyen un sector competitivo de los mercados y las economías nacionales. Y este dato no ha escapado a la mirada de las elites dominantes. Por ese motivo, la globalización de las industrias culturales en particular y de la cultura en general platea un reto para el desarrollo de las identidades y las culturas de los pueblos. En ese sentido es importante destacar que existe una creciente centralización en la producción y la circulación de los bienes simbólicos. Al mismo tiempo, la globalización posibilita nuevas formas de comunicación y conocimientos recíproco entre las diversas culturas así como también presenta oportunidades y riesgos para el desarrollo de las identidades culturales de los pueblos. El especialista en gestión cultural y en Ciencias de la Comunicación, Luis Manuel Aguirre España plantea que las Políticas Culturales constituyen un “mecanismo de control cultural, que busca(n) garantizar la identidad y el desarrollo local bajo la determinación de decisiones autónomas y apropiadas sobre la imposición y enajenación solapada del modelo cultural homogeneizador dominante.” Además, Aguirre España señala que las hoy en día “Políticas Culturales alcanzan una importancia que trasciende las propias fronteras de los países para situarse en un cuadro de mega estructuras y reglas que determinan de manera invasiva la cultura de los estados, por ello el desarrollo de Políticas Culturales, debe ser analizado a partir de las distintas dimensiones que le dan vida, ya que su sola conformación es el producto de una macro estructura que lo determina desde perspectivas ideológicas, sociales y sobretodo culturales.” Y concluye su argumento esgrimiendo que “las Políticas Culturales, entonces, como discurso de un Estado deben velar por la construcción de espacios que permitan hacer frente a los modelos uniformadores de las grandes economías y sus omnipresentes industrias culturales, con el fin de garantizar la diversidad y la identidad de la nación en pro del desarrollo cultural.” En su libro “Desarrollo y Políticas Culurales”, Ezequiel Ander Egg plantea que existen dos tipos de políticas culturales: las democratizantes y las democráticas. Las políticas de democratización cultural pretenden divulgar los beneficios la cultura de la población mediante la difusión cultural desde las instituciones culturales. Las prácticas de democratización cultural consisten en proporcionar conocimientos culturales y hacer participar de los beneficios de la elite cultural y de lo que esta produce. Asimismo, procura cerrar la brecha cultural que produce la desigualdad en la posesión y acceso de los bienes culturales y corregir desajustes funcionales que dentro del sistema social producen estas desigualdades. En contraposición, las Políticas Culturales de “Democracia Cultural” pretenden asegurar a cada ciudadano los instrumentos para que, con libertad, responsabilidad y autonomía puedan desarrollar acciones culturales propias de su cultura. Además, procura que cada sujeto y cada pueblo pueda conducir su vida y su cultura con el objetivo de desarrollar el conjunto de sus potencialidades, con especial respeto a la propia identidad cultural y de aquellos que no la comparten. Esta segunda concepción de política cultural sería la más respetuosa de la Diversidad Cultural, aseguraría la pertinencia o identidad de un sujeto con su cultura y podría garantizar el desarrollo en los términos culturales de cada pueblo, nación, etnia, grupo, etc. Este tipo de política cultural democrática impide la enajenación cultural, la asimilación, la imposición de una cultura hegemónica y la plena autonomía cultural, a diferencia del modelo de Política Cultural Democratizante. Pero principalmente, permitiría la puesta en marcha de una estrategia de desarrollo económico respetuosa de cada cosmovisión cultural. Teniendo en cuenta el concepto de Diversidad Cultural, Mariano Garreta propone pensar las Políticas Culturales en término de diálogo o independencia cultural. El antropólogo propone tres tipos de políticas culturales: Monocultural, Multicultural y Intercultural. La Monocultura es la que está conformada por una elite dominante minoritaria que impone sus pautas culturales a la mayoría de la ciudadanía y a las culturas minoritarias subalternas. Es una cultura asimilacionista y etnocentrista, que cree en la superioridad de una cultura sobre las otras a las que debe guiar. La Política Multicultural asume e impulsa la diversidad y la diferencia cultural dentro de un territorio entre diferentes grupos que conviven en el mismo. Este tipo de política permite que se reconozca a las culturas minoritarias para que no se desarrolle un conflicto. Pero este tipo de concepción cultural reviste un posible peligro. Cabe preguntarse si el multiculturalismo no subordina o somete la identidad y los derechos individuales y colectivos de los sujetos de una cultura minoritaria a los de la cultura dominante que puede no ser mayoritaria. Por último, la política Intercultural es la política cultural más democrática y respetuosa de la diversidad cultural. La Interculturalidad asume la diferencia y la diversidad cultural, aboga por la convivencia, la diálogo, la alteridad y la reciprocidad entre culturas. No sólo trata de compartir valores sino de intentar la construcción dialogada y dialógica de un concepto de ciudadanía. Una política cultural intercultural, que se ajuste al concepto planteado por Garreta, permitiría el desarrollo económico de las diferentes culturas a partir del diálogo y del respeto de las diferencias. La culturas no tendrían que asimilar rasgos culturales económicos propios de otras culturas para alcanzar el “desarrollo” en términos de la cultura occidental sino que se apropiarían de los rasgos culturales económicos útiles y le enseñarían a las otras culturas rasgos culturales propios para que ambas puedan convivir y construir una sociedad pluricultural, multilinguística, multiétnica verdaderamente democrática. En este momento existen instituciones multilaterales, redes y foros culturales que están trabajando para desarrollar Políticas Culturales locales, regionales, nacionales y trasnacionales, que exceden la función, la administración y el control de los estados nacionales. Todos estos actores de la sociedad civil o supraestatales tiene matices diferentes en su discurso. Algunas parecen estar más cerca de promover Políticas Culturales multiculturales y democratizadoras. En estas se puede percibir claramente los objetivos de la clase dominante y la mercantilización de la cultura, mediante el fomento de las industrias culturales, del turismo cultural y de la resemantización estereotipada de las culturas minoritarias para que estas puedan ser ofrecidas como mercancías, como bienes simbólicos de uso. Otras Políticas Culturales de Instituciones de la Sociedad Civil parecen tener un discurso más velado que aboga por el diálogo intercultural y por la democracia cultural. Aunque por medio de ese diálogo es posible intuir intenciones de asimilación cultural –que no es difícil de ejercer sobre sujetos pertenecientes a culturas que fueron negadas durante siglos y que tuvieron que camuflarse culturalmente para no ser excluidos-. La intencionalidad de “diálogo intercultural” parece teñir de apropiación de rasgos culturales aquellas acciones que son adoptadas para generar desarrollo, pero estas llevan implícita la pérdida de la esencia ahistórica de la cultura que adopta esos rasgos culturales. Conclusión: Para culminar, podemos afirmar que los Conceptos epistemológicos para generar Políticas Culturales para la creación de un espacio cultural latinoamericano son importantes para respetar a las culturas minoritarias y la diversidad cultural. Pero no son el único elemento que se debe tener en cuenta a la hora de la planificación de políticas culturales porque el lenguaje puede ser manipulado. Todavía falta mucho diálogo intercultural, mucho aprendizaje sobre las otras culturas y mucha autocrítica cultural para que la cultura occidental deje de querer imponerse y dominar a miles de culturas que coexisten con la de la mayoría de los aquí presentes. |