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Un análisis crítico sobre las Revistas de Divulgación Académica PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Lic. Julieta Galera   
viernes, 02 de junio de 2006

Comunicación Institucional:  Un análisis  crítico sobre las Revistas de Divulgación Académica de las Universidades en el espacio virtual. 

Palabras claves: Industrias culturales –Comunicación institucional– Derechos Humanos- Trabajo intelectual- Sociedad Mundial de la Información

Comunicación Institucional:  Un análisis  crítico sobre las Revistas de Divulgación Académica de las Universidades en el espacio virtual. 

Palabras claves: Industrias culturales –Comunicación institucional– Derechos Humanos- Trabajo intelectual- Sociedad Mundial de la Información

Resumen:

Durante el transcurso de este ensayo  intentaré responder si a las revistas de divulgación científica virtuales e impresas son  producciones culturales que comparten la lógica de las industrias culturales tradicionales. Asimismo, trataré de explicar cómo repercute la concepción elitista de conocimiento de estas publicaciones virtuales en el intercambio o flujo de información, cultura y conocimientos Norte-Sur y en el desarrollo cultural de los países menos desarrollados.

Si Internet es un ámbito democrático para la libre difusión de ideas, un espacio con una lógica distinta al espacio objetivo  -es regido por las reglas del mercado y el monopolio de los medios, el conocimiento y la cultura-,  cabe preguntarse ¿porqué el científico social que realiza una producción textual científica no tiene el “derecho a una remuneración justa y satisfactoria” por su trabajo intelectual con el que usufructúa una industria cultural virtual?. Por lo tanto, es necesario preguntarse si la lógica economicista de las industrias culturales se reproduce en el espacio virtual.

     

Comunicación Institucional:  Un análisis  crítico sobre las Revistas de Divulgación Académica de las Universidades en el espacio virtual.

  El objetivo de esta ponencia es realizar un análisis  crítico  sobre una herramienta de  comunicación institucional de las universidades: las Revistas de Divulgación Académica en el espacio virtual y demostrar como las mismas  contribuyen a mantener el desequilibrio del flujo de  Información Norte-Sur  en Internet.

 Durante el desarrollo de esta ponencia, más que realizar un análisis exhaustivo sobre la existencia de desequilibrios en el flujo Norte-Sur  de  Información en Internet, enunciaré una breve serie de cuestionamientos para invitar al  auditorio a hacer una reflexión crítica y a responderse una serie de preguntas que ya poseen  respuestas en el inconsciente colectivo.

 Mi  objetivo es poner en el tapete de discusión ciertos dilemas que presentan  las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación y que creo que  no son visibles porque aún persiste cierto encantamiento con las veleidades que ofrece Internet.

Está socialmente y ampliamente difundida y aceptada como incuestionable la idea de que Internet  está dotada de un importante  poder  liberador y democratizador para  difundir  ideas, opiniones, conocimiento y promover el  intercambio cultural a través del mundo en forma instantánea.

También es cierto que la aparición y la difusión de las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (NTIC), que  conforma lo que conocemos con el nombre de la “Sociedad de la Información”, que permite la circulación de información a través de todo el  mundo impactó  en las industrias culturales nacionales y trasnacionales.

Cabe destacar que las universidades, primero en Estados Unidos y luego en el resto del mundo, fueron los primeros actores institucionales que implementaron Internet y contribuyeron  a la  difusión de sus usos sociales.

Para empezar a introducirnos en el tema que propongo, habría que preguntarse ¿Qué es la Comunicación institucional?, así como también es necesario comprender ¿Qué son las industrias culturales?.

La Comunicación o prensa institucional es una herramienta para la difusión de objetivos y valores institucionales y para la construcción y difusión en el imaginario social de la imagen de una organización.

Por otro lado,  las Industrias Culturales son sectores de la economía que conjugan creación producción y comercialización de bienes y servicios basados en  contenidos intangibles de carácter cultural. Este tipo de industria se caracteriza por la producción de contenidos simbólicos destinado a satisfacer y/o promover demandas culturales de la sociedad (ARIAS,  MATEU, MOYANO Y ROTBAUM, 2004: Pág. 31).

El concepto de industrias culturales concibe a la cultura en términos de producción y circulación de sentidos simbólicos, como un proceso material de producción e intercambio que adquiere un valor de cambio cuando el bien o el servicio se pone en circulación en el mercado, del cual forma parte de los procesos económicos más amplios de la sociedad (BONET I AGUSTI, 2004:  Pág. 42).

En esta  fase del capitalismo global que algunos  denominan la Sociedad de la Información, las Industrias Culturales conforman el núcleo central de la circulación de significados y, por lo tanto, creo que es imprescindible  conocer su conformación en nuestros países en el marco de la creciente globalización (ARIAS, MATEU, MOYANO, Y ROTBAUM,  2004: Pág. 32).

La concepción de  Revistas de Divulgación Científica de las instituciones académicas de Estudios Superiores, en su mayoría,   se fundamentan tanto en una concepción de  industria cultural que en los principio de prensa o comunicación institucional.

La globalización de las industrias culturales platea un reto para el desarrollo de las identidades y las culturas de los pueblos. En ese sentido es importante destacar que existe una creciente centralización en la producción y la circulación de los bienes simbólicos.   Al mismo tiempo, la globalización  presenta la posibilidad de generar nuevas formas de comunicación y conocimientos recíproco entre las diversas culturas así como también presenta oportunidades y riesgos para el desarrollo de las identidades culturales de los pueblos (ARIAS,  MATEU, MOYANO Y ROTBAUM, 2004: Pág. 32). Algunos de los riesgos que presenta la globalización para las culturas locales son la concentración asimétrica en la producción cultural, y la generación y distribución desigual de ingresos

Ante este panorama mundial relacionado con la desigual distribución de ingresos y desigual flujo de información entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo, es necesario preguntarse si en  la Sociedad Mundial de la Información (SMI) tanto  de los actores sociales pertenecientes a la elite hegemónica como de aquellos provenientes de  las clases subalternas, tienen  acceso y participación democrática e igualitaria en la producción, desarrollo, control y difusión de las industrias culturales digitales. En ese sentido,  es importante preguntarse si existe un  intercambio o flujo equilibrado Norte-Sur  y Sur-Norte de información, cultura y conocimientos.

La respuesta es sencilla: NO!!. Las redes electrónicas siguen siendo en gran medida un dominio reservado de las elites y a las clases medias de todo el mundo. En resumidas cuentas, en Estados Unidos y Canadá existen 167 millones de personas con acceso a Internet, mientras que en toda  América Latina  sólo 16, 5 millones de ciudadanos tienen acceso a las TIC (TREJO DELARBRE, 2001). Mientras se estima que    en América latina apenas el 6% de los habitantes de Brasil, el 3%  de la ciudadanía  argentina y mexicana  y el 2% de los ciudadanos peruanos en el año 2000 contaban con  acceso regular a  Internet (TREJO DELARBRE, 2001), la realidad es que una proporción minúscula de la ciudadanía virtual tiene la posibilidad de producir y poner en circulación ideas, información o conocimientos. Por eso, más allá de la brecha existente entre los incluidos y los excluidos del espacio digital, me interesa adentrarme en el tema de los info-ricos y los info-pobres. Pero utilizaré estos términos no sólo para referirme a aquellos ciudadanos del mundo que tienen acceso o no tienen acceso a la información. Usaré estos términos para referirme a aquellos ciudadanos incluidos en la “Sociedad de la Información” que tienen mayores o menores posibilidades para difundir sus informaciones, pensamientos y conocimientos en las industrias culturales gestadas en el mundo digital.

El antropólogo Néstor García Canclini plantea que la globalización y las TIC agravan  los desequilibrios históricos existentes en los intercambios comunicacionales, en el acceso a la información  y en la participación de los sujetos en la esfera pública nacional e internacional. Asimismo, García Canclini remarca que la globalización también genera  asimetrías  en la distribución de los beneficios económicos producidos por las industrias culturales. (GARCÍA CANCLINI, 2004: Pág. 45).

  En ese sentido me interesa hacer hincapié en un punto que nos atañe a todos los aquí presentes: científicos sociales investigadores sobre comunicación y profesionales de la comunicación. Y pensando en los científicos sociales provenientes de los países menos  desarrollados es viable preguntarse ¿De qué forma influye el orden económico neoliberal en el contenido de revistas de divulgación científica virtuales y en el intercambio académico de conocimiento entre las comunidades científicas de todo el mundo? ¿En qué medida las Políticas de Comunicación e Información que rigen Internet permite el intercambio cultural y cognitivo equitativo entre los científicos o intelectuales provenientes de los países  desarrollados y de los países periféricos?

 Si Internet es un ámbito democrático para la libre difusión de ideas, un espacio con una lógica distinta al espacio objetivo -regido por las reglas del mercado y el monopolio de los medios, el conocimiento y la cultura-,  ¿porqué el científico social no tiene el “derecho a una remuneración justa y satisfactoria” por su trabajo intelectual con el que usufructúa la industria cultural de los principales centros académicos.?

 Ante estos cuestionamientos también es posible preguntarse si la lógica economicista de las industrias culturales se reproduce en el espacio virtual y si el monopolio del conocimiento y la información sigue estando en manos de las elites de todo el mundo que consideran que el saber debe estar reservado para unos pocos.

En relación a lo expuesto, podemos concluir que la academia continúa siendo un espacio reservado a la elite intelectual hegemónica para difundir el “pensamiento único”. La academia sigue siendo un  claustro cerrado. A veces  intenta mostrar un espíritu democrático y pluralista y, en función de este objetivo, permite difundir conocimiento, pensamiento e información que no concuerdan con los preceptos de la cultura etnocentrista dominante.

En relación al comportamiento de la academia, el especialista en Políticas y Economía de la Comunicación, Francisco Sierra Caballero, señala que si en términos foucaultianos Saber es Poder,  la educación  debería cumplir un papel transformador adecuado al cambio social, mediante la praxis investigadora que conciba la información y el conocimiento como socialización del poder (SIERRA CABALLERO, 1998: Pág. 6).

 Las instituciones académicas deberían dar un giro en ese sentido para estar en concordancia con las demandas sociales. El conocimiento científico y la cultura en general no deben seguir siendo digitados por una pequeña elite sino que deben ser construidos socialmente.

En ese sentido, en los últimos años, aquellos ciudadanos y profesionales que contamos con el beneficio de poder acceder a Internet nos hemos  visto favorecidos y enriquecidos con la posibilidad de disfrutar de la lectura de publicaciones especializadas de diversos países y con la posibilidad de poder generar información y/o conocimiento para difundirla por esos medios y ampliar  las posibilidades de recepción de nuestro pensamiento, de nuestro trabajo.

Internet, a primera vista,  ofrece la posibilidad de romper con los antiguos desequilibrios de información Norte-Sur y generar una difusión equilibrada de información, pensamiento, conocimiento y cultura entre ambos polos. Pero la realidad es que esto sólo representa una “posibilidad”. Y digo POSIBILIDAD porque sólo aquel profesional  de un país no central que esté dispuesto a sacrificar tiempo libre y a tener una jornada laboral doble puede llegar a contribuir en esas publicaciones científicas. Por lo tanto, el trabajo intelectual, el pensamiento y el conocimiento de los científicos sociales  que habitamos en países del Sur no tienen las mismas posibilidades de ser difundidos y puestos en circulación que el trabajo de nuestros colegas que habitan en los países del primer mundo. Esto  responde a Políticas  Culturales y/o a Estrategias de Información y Comunicación institucionales.

 En ese sentido cabe preguntarse si ¿Esto constituye una des-valorización del “trabajo intelectual científico”? O, en otro orden, tiene sentido preguntarse si esto no constituye un acto discriminatorio, porque para la academia latinoamericana el saber  de los académicos del continente no es válido ni valioso, aunque si es considerado importante como instrumento de comunicación institucional porque la divulgación de  los trabajos científicos en Revistas institucionales realizados por el propio plantel docente  tiene como objetivo promover la actividad académica para generar y posición una imagen positiva en la mente de los miembros de su propia  comunidad educativa y de los posibles alumnos-clientes.

La Oficina para Europa el Banco Interamericano de Desarrollo en 2001 sostenía que las industrias culturales tienen una función fundamental en la creación de imaginarios individuales y de las identidades colectivas y constituyen uno de los vectores principales de expresión y diálogo entre culturas (GENTINO, 2004 Pág. 51). 

En este orden de ideas,  es posible  preguntarse si estos actos discriminatorios encubiertos contra del trabajo intelectual  de los científicos sociales provenientes   de los países no centrales  efectuados por revistas de divulgación de los principales centros académicos traen como consecuencia un desequilibrio de “miradas”,  “construcciones de la realidad” o al “diálogo intercultural”.

 Esta actitud de los centros académicos que promueven estas publicaciones científicas virtuales, que muchas veces también son producidas en soporte físico, que constituyen una industria cultural porque no sólo contribuyen a  generar la circulación de bienes simbólicos sino que son  productos que forman parte del mercado cultural y producen una renta gracias al usufructo de la propiedad intelectual de los científicos del mundo académico,  estaría vedando a la ciudadanía mundial de su derecho a tener “otras” visiones alternativas que realicen abordajes de la realidad desde una óptica de fenómenos sociales culturalmente más cercanas a los mismos porque generalmente estos son analizados desde la mirada de los científicos formados en los países más desarrollados. 

Siguiendo este mismo orden de ideas, también me pregunto, ¿Porqué las investigaciones científicas que los científicos sociales envían a revistas electrónicas científicas que también se producen y comercializan en soporte impreso no son  “trabajos rentados”?.

 

Las publicaciones científicas que realizan convocatorias por Internet para publicar trabajos de investigación de científicos sociales en sus versiones digitales e impresas lucran con el trabajo de los investigadores porque son parte de las industrias culturales, y en muchos países del primer mundo este tipo de publicaciones cuentan con subvenciones del Estado, (DITTRICH van WERINGH, 2004: 66) pero estas  revistas institucionales casi nunca pagan honorarios por dichas contribuciones.

 En algunos casos estas revistas académicas retribuyen el trabajo científico de los investigadores sociales con ejemplares de la publicación. La mayoría de las veces el jornal por el trabajo intelectual científico es “el privilegio” de ser considerado como valioso, apto y a la altura académica de la institución convocante para ser publicado y divulgado por su prestigiosa publicación de divulgación científica.

Esta falta de respeto y de consideración por el trabajo intelectual de los científicos sociales constituye  un atentado contra los derechos humanos. Las revistas científicas de divulgación académica atentan deliberadamente contra el “derecho a la información”, el “derecho a la libertad de opinión y de expresión, el derecho (..) a investigar y recibir informaciones y opiniones y a difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio.”,  el “derecho a una remuneración justa y satisfactoria” por el trabajo intelectual,  el derecho “a participar del progreso científico y en los beneficios que de el resulten” de los ciudadanos del mundo establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada por la ONU en 1948. Asimismo, estas publicaciones atentan contra “la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan (a una persona) por razón de su producciones científicas, literarias o artísticas de que (la misma) sea autora”.

Continuando la lectura del tema que nos reúne  a partir de los Derechos Humanos, también es válido preguntarse ¿Hasta qué punto los científicos sociales originarios de los países menos desarrollados tenemos las mismas posibilidades de divulgar nuestro trabajo en el espacio virtual que nuestros colegas oriundos del primer mundo por cuestiones estructurales que escapan al espacio virtual? Y con esto quiero recalcar que las condiciones estructurales de vida y las condiciones laborales de un científico social que habita en un país latinoamericano o que vive en un  país no desarrollado  no son las mismas que las que goza un científico social en Europa o Estados Unidos y esto repercute en su trabajo científico, en su capacidad de producir y difundir bienes simbólicos culturales y de participar en el progreso científico de su país y del mundo.

Los científicos sociales del primer mundo, incluso los círculos más ilustres de intelectuales de los países menos favorecidos, tienen mayor poder adquisitivo y mejores condiciones laborales que un científico social relativamente destacado en América Latina. Los investigadores sociales de los países que no pertenecen al primer mundo muchas veces deben realizar sus trabajos de investigación fuera de su horario laboral. Incluso, mucho de nosotros tenemos que vivir de otros trabajos que nos permiten sustentar nuestra vida cotidiana para poder darnos el gusto de ser investigadores como si esto fuera un “Hobby” y no un trabajo intelectual calificado.

Esto implica que la calidad de los trabajos de los investigadores de los países en vías de desarrollo no sea la misma que la de un científico social proveniente del primer mundo. En el primer mundo los investigadores cuentan con  dinero para poder comprar bibliografía, para realizar trabajos de campo,  tienen muchas más posibilidades de acceder a becas, sus gastos de viáticos a congresos, seminarios y cursos de perfeccionamiento son solventados por las instituciones que representan, etc. En contraposición, en los países menos desarrollados todo se hace a pulmón. Asimismo, los científicos sociales de los países menos desarrollados contamos con poco tiempo libre para realizar producciones independientes porque  para subsistir debemos tener más de un trabajo porque nuestras remuneraciones no llegan a cubrir la canasta básica.

Podría decirse que esto constituye un acto discriminatorio y, por otro lado, implica una concepción etnocentrista de la cultural porque los principales centros académicos de América Latina contribuyen a la perpetuación del desequilibrio de información y conocimiento Norte-Sur porque en sus Revistas Institucionales reproducen mayormente trabajos de científicos oriundos del Primer Mundo porque consideran que estos poseen mayor calidad o rigor científico.

Por todas los cuestionamientos antes expuestos, cabe  destacar que las dificultades para el acceso democrático de toda la ciudadanía a la Sociedad Mundial de la Información y para la emisión, circulación y recepción de información  de los individuos que provienen de los países menos desarrollados se deben   a la lógica  “mercantilista de la cultura”, a la lógica medieval de los “templos del saber” –las academias-,  y  a la lógica y los intereses económicos y políticos  que hay en juego en las políticas culturales trasnacionales, locales e institucionales y que  en Internet, así como en el espacio objetivo,   tienen más validez que el “derecho a la información”, el “derecho a la libertad de opinión y de expresión, (..) a investigar y recibir informaciones y opiniones y a difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio.”,  el “derecho a una remuneración justa y satisfactoria” por el trabajo intelectual,  el derecho “a participar del progreso científico y en los beneficios que de el resulten”, y que el derecho de toda persona “a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de su producciones científicas, literarias o artísticas” de  su autoría.

      Claves para una “Sociedad Mundial de la Información” democrática. 

Por todo lo expuesto, mediante esta ponencia mi intención no fue analizar la situación obvia sino que el espíritu de este trabajo es un espíritu de denuncia, un llamado a la reflexión y a la acción del gremio de científicos sociales y los comunicadores, un llamado a poner la mirada en otros temas que tienen que ver, con las industrias culturales que son un ámbito de nuestra competencia profesional.

Mediante esta ponencia intento  poner la mirada sobre las dificultades para el acceso democrático de toda la ciudadanía a la Sociedad Mundial de la Información y para la difusión y recepción de información debido a los intereses económicos globales que hay en juego en el desarrollo de políticas nacionales, internacionales e institucionales  de comunicación, información, educación y desarrollo tecnológico que no escapan a la lógica del espacio virtual.

Para finalizar,  creo que los científicos sociales debemos  comprometernos a tomar medidas activas para  que las instituciones valoren nuestro trabajo y contribuyan a  que Internet se  convierta en un universo verdaderamente pluricultural, multilingüístico y democrático, promoviendo la difusión y circulación de ideas, información, conocimiento y distintas culturas de todo el mundo de una manea equitativa y equilibrada a través de los medios de comunicación institucional de los centros académicos.

De este modo se estaría contribuyendo a crear una verdadera Sociedad de la Información o, mejor dicho, de una Sociedad de Conocimiento inclusiva, respetuosa de todos los pueblos, de los valores de la Democracia y los Derechos Humanos de la ciudadanía mundial.

    FUENTES BIBLIOGRÁFICAS. ARIAS, Fernando, MATEU, Gabriel, MOYANO, Liliana y ROTBAUM,  Gabriel (2004) “Las industrias culturales: su significación política, económica y social”. Observatorio de Industrias Culturales del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Dossier Economía y Cultura. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.APC-CRIS.  “Involucrando a la sociedad civil en políticas de TIC. La cumbre mundial sobre Sociedad de la Información.” (2003) Johannesburgo, Sudáfrica: STE Publishers.

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 http://raultrejo.tripod.com/ensayosinternet/SociedaddelaInformacionenero2001.htm

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